ESTUDIANTES CON TDAH El trabajo académico representa una de las áreas en que más deterioro puede causar el TDAH (trastorno de déficit de atención/hiperactividad). El estudio requiere organización, planificación, autocontrol y concentración, que son precisamente las áreas problemáticas para las personas aquejadas por este trastorno. Los problemas pueden presentarse a lo largo de todo el ciclo educativo, desde Kindergarden hasta el doctorado. La forma en que afecta este desorden dependerá, naturalmente, de
la edad del estudiante y, por lo tanto, de la fase educativa en que se encuentre.
Además, es importante entender que no se pueden establecer reglas generales, pues el
perjuicio que puede experimentar una persona no tiene que ser necesariamente el mismo que
reciba otra. El trastorno es variado y se manifiesta de forma diferente en cada
individuo. En los niños que cursan los primeros grados, se registran a veces
dificultades con el dominio de la lectoescritura. Aparte del hecho de que pueden
darse simultáneamente trastornos del aprendizaje, la impulsividad y el afán de proceder
con rapidez les puede llevar a saltarse sílabas o palabras cuando leen y a confundir una
palabra con otra. La escritura puede ser irregular, con trazos imprecisos y
renglones ondulados y desalineados. La presión que se aplica al lápiz o bolígrafo
puede ser muy intensa. La velocidad con que escribe el niño puede conducirle a
cometer errores de distinto tipo, como trazar mal algunas letras, omitir letras o sílabas
o escribir una palabra por otra parecida. El simple hecho de que estos niños
aprendan, a través de un proceso terapéutico, a reducir la velocidad con que actúan y a
esmerarse en lo que hacen, establece una diferencia notable en la calidad de su trabajo
escolar. Generalmente, no les falta capacidad, sino que les sobra velocidad. La dificultad para concentrarse es otro factor que perjudica
seriamente al estudiante. Que el estudio requiere concentración es una verdad tan
obvia que apenas si merece mención. Se distrae con una mosca que pase,
acostumbran a alegar los padres. Cierto, sobre todo cuando se trata de las
moscas que transitan por la mente con harta frecuencia. Cualquier
pensamiento interfiere fácilmente en el estudio, de manera que se interrumpe el flujo de
actividad mental centrada en el tópico que se estaba estudiando y se suspende la
asimilación del material. Si esto ocurre repetidas veces, se puede extender
considerablemente el tiempo dedicado al estudio, sin que se obtengan unos frutos que
estén en proporción a la inversión efectuada. A muchos adolescentes y adultos con TDAH les cuesta trabajo tomar
una decisión sobre la carrera que van a estudiar. Pueden elegir una para, al cabo
de algún tiempo, cambiar de parecer e iniciar estudios en otra rama. No es raro que
no lleguen a terminar ninguna carrera y que su vida universitaria llegue a verse reducida
a una serie de intentos fallidos. Además, se les puede hacer difícil elaborar un programa para
repartir su tiempo entre los estudios, el descanso y las diversiones, de manera que
cumplan con todas sus obligaciones escolares al mismo tiempo que llevan una vida social en
la que cultiven amistades y se distraigan. No sólo esto, sino que pueden tener dificultad para estructurar
un programa de estudios, de forma que atiendan adecuadamente todas sus obligaciones
académicas: estudiar las distintas materias, prepararse para exámenes, hacer
proyectos, redactar monografías, etc. El cumplimiento de horarios y plazos puede ser otra área
problemática. No todos los estudiantes que llegan tarde a las clases o faltan a las
mismas sufren TDAH, pero un cierto número de los que lo hacen regularmente tienen este
trastorno. Prepararse con tiempo suficiente para un examen o cumplir con entregar un
trabajo escrito en la fecha fijada, con la organización y planificación que se requiere
para ello, pueden convertirse en metas relativamente inalcanzables. No es raro por
ello ver a estos estudiantes, desde Escuela Superior hasta el doctorado, solicitar con
frecuencia concesiones especiales a sus profesores, como coger un examen en fecha
posterior al día en que se dio o una prórroga para la entrega de un trabajo. Lo
mismo sucede con las gestiones administrativas relacionadas con los estudios, como
matricularse en un curso, darse de baja o solicitar una beca, que a veces no se realizan a
su debido tiempo. El universal y famoso recurso de echar a otros, o a las
circunstancias, la culpa de los propios problemas y fracasos no deja de darse en estos
estudiantes. En cualquier nivel de la vida académica puede oírse, por ejemplo, la
alegación de que algunos de los profesores están prejuiciados en contra de los sufridos
estudiantes. Todas las dificultades y problemas que se asocian en general con
el TDAH pueden darse en la vida estudiantil. Los estudiantes con este desorden
pueden reaccionar emocionalmente a sus dificultades escolares de forma inapropiada,
frecuentemente con coraje (que en algunos casos puede degenerar en conducta agresiva) o
con depresión. Corren peligro igualmente de desarrollar un bajo concepto de sí
mismos y de sus capacidades intelectuales. Es obvio que ni el coraje, ni la
depresión, ni la baja autoestima son compañía deseable, ni en los estudios ni en la
generalidad de la vida. Aunque los estudiantes que sufren de TDAH puede exhibir algunas de las características anteriores y verse en las situaciones que se han descrito, debe tenerse claro que nada de lo que hemos descrito son síntomas específicos del trastorno. Muchas personas que no tienen este desorden pueden presentar también estos comportamientos, por lo que, en caso de duda, es imprescindible contar con una opinión profesional que establezca el diagnóstico correspondiente y que ofrezca la asistencia terapéutica necesaria para culminar con éxito y con un mínimo de problemas la empresa académica que un día se fijaron unos estudiantes que se merecen toda la ayuda, comprensión y apoyo que se les puede brindar. Publicado en El Nuevo Día el
25 de julio de 1998, como contribución del Consultorio Psicológico y Educativo. |