EVALUACION DE LOS PROBLEMAS DE
RELACION La prestación de unos servicios eficientes de
psicología clínica requiere que el profesional disponga de los recursos necesarios para
alcanzar dicho grado de efectividad. Según
sea el caso, esto se refiere unas veces al conocimiento y dominio de técnicas
diagnósticas y terapéuticas y otras a la adquisición y uso de tests, materiales y
métodos terapéuticos. Convencidos de que el público debe estar
informado sobre la existencia de los medios con que se cuenta actualmente en psicología
clínica, especialmente de los más recientes, hemos dedicado ya algunos artículos a la
presentación de algunos de ellos. En el
pasado mes de noviembre, comentamos el ESCEPI, un método para enseñar a
los niños cómo manejar adecuadamente problemas interpersonales, cuyo uso promete ser
efectivo para el tratamiento de la conducta agresiva que presentan algunos de ellos. El sábado pasado,
presentamos el ENFOCATE,
un programa para desarrollar la atención, corregir problemas visomotores y propiciar el
autocontrol, especialmente indicado para niños con déficit de atención y problemas del
aprendizaje. En esta misma línea, nos
referimos hoy al EVHACOSPI, un
test para evaluar las habilidades de que disponen los niños para afrontar apropiadamente
los problemas interpersonales. El manejo adecuado de las situaciones
conflictivas implica todo un proceso cognitivo. O
sea, el curso de los pensamientos y los conceptos sobre los distintos elementos de la
situación deben darse de tal forma que tengan como producto un desenlace no violento y
satisfactorio. Si ninguna de las partes
envueltas en el conflicto resulta perjudicada emocional o físicamente, si se respetan
todos los derechos y si se alcanza una nueva situación no conflictiva, se habrá manejado
racional y positivamente el problema. La consecución de esta meta comprende varios
pasos. Según exponen los autores del test,
el niño socialmente competente ha de disponer de la sensibilidad necesaria para
identificar situaciones problemáticas, las cuales se encuentran generalmente asociadas
con emociones negativas, como el coraje, la tristeza, la ansiedad, el miedo y la
vergüenza. Al mismo tiempo, debe tener la
capacidad para describir el problema que confronta en términos concretos. En la vida, no basta "sentir" que
tenemos un problema, sino que, a cualquier edad, hemos de saber dar razón suficiente de
que tal cosa es realmente un problema. Luego, el niño ha de tener el ingenio
necesario como para generar diferentes alternativas de acción ante el problema. Quien sólo ve un curso de acción está
irremediablemente destinado a seguirlo. Quien,
por ejemplo, sólo haya aprendido a manejar sus conflictos mediante el insulto y la
bofetada actuará en forma agresiva, ya que no dispone de otras opciones en su repertorio
de comportamiento. Cada curso de acción que se elija tendrá sus
propias consecuencias. Para actuar
positivamente, el niño tendrá que representarse las consecuencias que para él y los
otros tendrá lo que piensa hacer. O sea,
tendrá que anticipar las consecuencias de su acción.
Quien carezca de esta habilidad, está condenado a verse en trances difíciles. Las consecuencias de sus actos le cogerán
desprevenido y tendrá que limitarse a ir reaccionando como pueda a lo que le viene
encima. Finalmente, tendrá que valorar sus posibles
acciones, a la luz de las probables consecuencias de cada una, y elegir aquella que sea
más adaptativa y proporciones mayores beneficios a corto y largo plazo. Como se ve, se trata de un proceso que se
puede desglosar en sus partes. Si no existe
alguno de los elementos de dicho proceso o si funciona de forma deficiente, el niño no
estará en condiciones de tomar las mejores decisiones y actuará de forma errada, con el
consiguiente perjuicio. Es fácil ver entonces que una terapia tendrá
mayores posibilidades de ser efectiva si se dirige directamente al área que previamente
se ha definido como problemática. De ahí la
conveniencia de evaluar los recursos con que cuenta el niño para manejar situaciones
conflictivas antes de iniciar terapia. El EVHACOSPI proporciona información
sobre cada uno de los pasos expuestos, por lo que es un instrumento efectivo para realizar
esta evaluación. Este test se puede usar junto con el ESCEPI, que es precisamente el
método para corregir las deficiencias que se hayan encontrado. Se puede administrar antes y después de que el
niño haya recibido el tratamiento, a fin de establecer cuan eficiente ha sido éste. Como observación final, es de señalar que nos hemos estado
refiriendo a los niños simplemente porque ésta es la población a que se aplica el test
que hemos presentado. El proceso cognitivo
que se da en los adultos para el manejo de las situaciones conflictivas es exactamente el
mismo, por lo que la intervención terapéutica con ellos debe seguir los mismos pasos que
aquí se han resumido. Publicado en El Nuevo Día el
30 de enero de 1999, bajo el título de Manejo
adecuado de conflictos, como contribución del Consultorio Psicológico y Educativo. |