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EVALUACION DE LOS PROBLEMAS DE RELACION
Dr. Fernando García Castaño

La prestación de unos servicios eficientes de psicología clínica requiere que el profesional disponga de los recursos necesarios para alcanzar dicho grado de efectividad.  Según sea el caso, esto se refiere unas veces al conocimiento y dominio de técnicas diagnósticas y terapéuticas y otras a la adquisición y uso de tests, materiales y métodos terapéuticos.

Convencidos de que el público debe estar informado sobre la existencia de los medios con que se cuenta actualmente en psicología clínica, especialmente de los más recientes, hemos dedicado ya algunos artículos a la presentación de algunos de ellos.  En el pasado mes de noviembre, comentamos el ESCEPI, un método para enseñar a los niños cómo manejar adecuadamente problemas interpersonales, cuyo uso promete ser efectivo para el tratamiento de la conducta agresiva que presentan algunos de ellos.  El sábado pasado,  presentamos el ENFOCATE, un programa para desarrollar la atención, corregir problemas visomotores y propiciar el autocontrol, especialmente indicado para niños con déficit de atención y problemas del aprendizaje.  En esta misma línea, nos referimos hoy al EVHACOSPI, un test para evaluar las habilidades de que disponen los niños para afrontar apropiadamente los problemas interpersonales.

El manejo adecuado de las situaciones conflictivas implica todo un proceso cognitivo.  O sea, el curso de los pensamientos y los conceptos sobre los distintos elementos de la situación deben darse de tal forma que tengan como producto un desenlace no violento y satisfactorio.   Si ninguna de las partes envueltas en el conflicto resulta perjudicada emocional o físicamente, si se respetan todos los derechos y si se alcanza una nueva situación no conflictiva, se habrá manejado racional y positivamente el problema.

La consecución de esta meta comprende varios pasos.  Según exponen los autores del test, el niño socialmente competente ha de disponer de la sensibilidad necesaria para identificar situaciones problemáticas, las cuales se encuentran generalmente asociadas con emociones negativas, como el coraje, la tristeza, la ansiedad, el miedo y la vergüenza.  Al mismo tiempo, debe tener la capacidad para describir el problema que confronta en términos concretos.  En la vida, no basta "sentir" que tenemos un problema, sino que, a cualquier edad, hemos de saber dar razón suficiente de que tal cosa es realmente un problema.

Luego, el niño ha de tener el ingenio necesario como para generar diferentes alternativas de acción ante el problema.  Quien sólo ve un curso de acción está irremediablemente destinado a seguirlo.  Quien, por ejemplo, sólo haya aprendido a manejar sus conflictos mediante el insulto y la bofetada actuará en forma agresiva, ya que no dispone de otras opciones en su repertorio de comportamiento.

Cada curso de acción que se elija tendrá sus propias consecuencias.  Para actuar positivamente, el niño tendrá que representarse las consecuencias que para él y los otros tendrá lo que piensa hacer.  O sea, tendrá que anticipar las consecuencias de su acción.  Quien carezca de esta habilidad, está condenado a verse en trances difíciles.  Las consecuencias de sus actos le cogerán desprevenido y tendrá que limitarse a ir reaccionando como pueda a lo que le viene encima.

Finalmente, tendrá que valorar sus posibles acciones, a la luz de las probables consecuencias de cada una, y elegir aquella que sea más adaptativa y proporciones mayores beneficios a corto y largo plazo.

Como se ve, se trata de un proceso que se puede desglosar en sus partes.  Si no existe alguno de los elementos de dicho proceso o si funciona de forma deficiente, el niño no estará en condiciones de tomar las mejores decisiones y actuará de forma errada, con el consiguiente perjuicio.

Es fácil ver entonces que una terapia tendrá mayores posibilidades de ser efectiva si se dirige directamente al área que previamente se ha definido como problemática.  De ahí la conveniencia de evaluar los recursos con que cuenta el niño para manejar situaciones conflictivas antes de iniciar terapia.  El EVHACOSPI proporciona información sobre cada uno de los pasos expuestos, por lo que es un instrumento efectivo para realizar esta evaluación.

Este test se puede usar junto con el ESCEPI, que es precisamente el método para corregir las deficiencias que se hayan encontrado.  Se puede administrar antes y después de que el niño haya recibido el tratamiento, a fin de establecer cuan eficiente ha sido éste.

Como observación final, es de señalar que nos hemos estado refiriendo a los niños simplemente porque ésta es la población a que se aplica el test que hemos presentado.  El proceso cognitivo que se da en los adultos para el manejo de las situaciones conflictivas es exactamente el mismo, por lo que la intervención terapéutica con ellos debe seguir los mismos pasos que aquí se han resumido.


Publicado en El Nuevo Día el 30 de enero de 1999, bajo el título de Manejo adecuado de conflictos, como contribución del Consultorio Psicológico y Educativo.

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